CAPÍTULO 2 - El Advenimiento

Caí caótica y repentinamente por un agujero estrecho de paredes opacas y flexibles, mientras el estruendo producido por el cierre de esa escotilla hermética retumbaba en la oscuridad. No podía ver absolutamente nada, tan solo sentir la suave textura de esas blandas paredes al chocarse conmigo mientras me tambaleaba y caía.

Luego las paredes desaparecieron y acabé sumergiéndome en una sustancia muy extraña que parecía estar entre lo líquido y lo gaseoso. Estaba fría, terriblemente fría. Tan fría que al principio mi cuerpo no pudo reaccionar de ninguna forma. Me quedé paralizado y en estado de shock, inmerso y suspendido en esa siniestra sustancia. Su textura era suave como el agua, pero demasiado liviana como para tratarse de un líquido; y era espesa como una nube, pero demasiado densa como para ser un gas. Tal vez fuera una mezcla ligada de sustancias. Desde el primer contacto, había contenido la respiración como acto reflejo, pero el aire se me acababa, y antes de morir ahogado tuve la irremediable necesidad de inspirar.

Sorprendentemente, pude respirar con total normalidad, salvo por el helado vapor que se introdujo en mis pulmones. Entonces sentí que me hundía lenta y solitariamente en las profundidades de un vasto océano helado. Estaba completamente paralizado por el frío, y mi mente no tardó en empezar a evadirse del presente y entrar en un estado de ensueño y somnolencia.


Perdí el conocimiento y mi subconsciente empezó a soñar...


Soñé que un ambiente anaranjado me envolvía, y que una gran forma lejana caía verticalmente de los cielos hacia mí. Era negra, y parecía un libro cerrado de aberrantes proporciones. Yo estaba justo en lo alto de una hermosa colina verde, en el corazón del mundo, esperando mi momento, inmóvil, y observando esa gran forma mientras caía.

La tierra y el cielo se estremecían a mi alrededor, largas nubes y fuertes vientos se movían apresuradamente en todas direcciones mientras una explosión de colores se propagaba por los cielos.

Por debajo de mi y rodeando la colina, todo un submundo inerte permanecía abandonado de toda esperanza. Grandes ciudades, que antaño hubieron alcanzado los cielos de este mundo, formaban ahora parte del lodo gris que se extendía por la faz de la Tierra.

Escuché voces...voces y gritos en la tormenta. Pensamientos y cantos inalcanzables que fluían atrapados en los restos orgánicos de una poderosa corriente volátil que los arrastraba hacia mí...


Largas horas debí soñar, pues eternas me parecieron las brisas de ese atardecer oscuro, que resoplaban inagotablemente por el mundo...


Era el atardecer del hombre...la eterna decadencia que empezaba ya a menguar, y cuyos últimos destellos se esfumaban entre nuevos aires y nuevos tiempos. Era el nuevo mundo que el planeta estaba esperando...

Y yo seguía allí, erguido como el acero sin templar e inmortalizado como una bella estatua, mientras el sol rojo se escondía por detrás de unas altas y lejanas montañas. Estaba esperando mi sentencia, mi destino...hasta que mirando al cielo nuevamente vi que aquella gran forma que caía hacia mí había desaparecido del firmamento.


De pronto, la calma se hizo dueña del mundo, y el silencio sepulcral su nueva voz...


Cerré los ojos...pero no había membrana capaz de eludir este gran acontecimiento.


Justo delante de mi, el sol rojizo se mostraba ahora brillante y lleno de esplendor. Entonces supe que me había acercado al sol, pues sin quererlo me encontraba sobre las negras y lejanas montañas que antes veía desde aquella colina verde...

El momento de inflexión pasó, y los vientos volvieron a resoplar en el mundo. La inmensidad penetró en mi interior, llenándome de grandeza. Interminables cantos de esperanza ardían por mis venas mientras los rayos de ese radiante sol transformaban la Tierra en un paraíso nuevamente fértil y lleno de vida.

Desde siempre el hombre había sido víctima de sus propios defectos y había condenado al resto del planeta a obedecer a toda costa su voluntad imperiosa. La voluntad de algunos, si cabe matizar...pero ya no más...ya no más...

La prehistoria humana cerraba así su último capítulo y el colosal tomo de aventuras dramáticas y descabelladas se hundiría para siempre en el olvido. Sólo la Tierra daría cuenta ahora de su insignificante existencia...

Entonces apareció de nuevo ese aberrante libro, contenedor de todos los saberes e historias del hombre. Estaba flotando en el mar, más allá de la brumosa costa que nacía de las raíces montañosas en las cuales yo me encontraba. Y poco a poco, empezó a declinarse mientras se alejaba rumbo al horizonte, hasta por fin perderse de vista, hundiéndose para siempre en las profundas aguas de la vida.


Y así daba comienzo una nueva era que sería más próspera y más respetuosa.


Pero de pronto, justo cuando este nuevo mundo de paz y esperanza empezaba ya a materializarse delante de mis ojos, una gran mano negra salió del Sol y me tocó la frente. Noté frio, y como si de un conjuro mágico se tratara, todo empezó a desvanecerse. El sol se apagó y los colores desaparecieron en la oscuridad.

Entonces mis oídos empezaron a escuchar un lejano murmullo que se acercaba cada vez más haciéndose más fuerte y más notorio. Un sonido que se repetía a través del tiempo...como el funcionamiento perpetuo de una gran máquina.

Y así comprendí que mi sueño había sido interrumpido, y que mi conciencia había nuevamente despertado.